Evitar el drama es bueno para nosotros y los que nos rodean.

El universo está en contra mía. Mi vida es especialmente desafortunada. Nada me sale bien. Esto sólo me pasa a mí.  

Todos sin excepción, hemos experimentado sentimientos similares en alguna etapa de nuestra vida. Y, sin embargo, a veces esos pensamientos no sólo no son superados, sino que se siguen desarrollando hasta el punto de lo que llamamos ser dramáticos.  

Cuando hablamos de drama en este contexto, se trata de la exageración de una situación difícil para una persona quien convierte un problema en una tragedia mayor de la que realmente es.  

Aunque para muchos esto sea sólo una situación cómica, puede convertirse en un gran problema que provoca una reacción en cadena muy perjudicial para todos los involucrados.  

La engañosa percepción de una mentalidad dramática 

Muy a menudo el comportamiento dramático se asocia con sentimientos de victimización, sentir que el mundo está en deuda con nosotros y que merecemos más.  

Sería bueno poder decir que nuestra percepción de la realidad está regida por nuestras experiencias: lo que vemos, oímos y conocemos. Pero es mucho más complejo que eso. Al adquirir esas experiencias también tendemos a sacar conclusiones y emitimos un juicio sobre esas experiencias dando forma a lo que llamamos realidad. En otras palabras, vamos más allá de lo que sabemos y conocemos.

Esto último demuestra nuestra compleja y maravillosa capacidad mental de analizar y razonar las cosas introspectivamente. El problema viene cuando intentamos buscar una justificación para respaldar lo que sentimos, o mejor dicho, cómo nos queremos sentir o qué queremos creer. 

Es ahí donde yace el problema del dramatismo: una persona aprende a emplear situaciones y experiencias para “demostrar” que su preocupación está justificada. Sin embargo, esto no es de ninguna ventaja para el dramático ni para los que le rodean: supone un enorme desgaste innecesario de energía mental y emocional para ambas partes.  

Sí, puede que uno esté pasando problemas y problemas muy serios: una enfermedad grave, enormes deudas, una enorme pérdida (como puede que no). Pero para una persona dramática esto puede convertirse en una excusa perfecta para su victimización y continuar un ciclo en el que los problemas y el estrés parecerán ser eternos.  

Los daños causados por el dramatismo 

La costumbre de ser dramático o quejumbroso es un hábito que, como cualquier otro, forma conexiones o caminos pavimentados por decirlo así, en nuestro cerebro. De manera que cuanto más nos quejamos más condicionamos nuestra mente a tener una actitud negativa y sentir que cada vez más el mundo está en deuda con nosotros, razón por la cual tendemos a responsabilizar o incluso culpar a los demás de nuestros problemas o de cómo nos sentimos.  

Lo que empeora la situación es que este tipo de actitud es contagiosa por lo que, no sólo uno mismo es el perjudicado, también las personas con quienes nos relacionamos.  

Daños físicos y mentales 

Imagen por cortesía de: Pixabay.comPara comprender mejor los daños físicos hay que hablar de una hormona específica: el cortisol. El cortisol es la hormona del estrés. Esta cumple una función primordial para protegernos a nosotros mismos (creo que ya puedes ir percibiendo como el ser dramáticos puede causar que abusemos de esta hormona).  

Antiguamente esta hormona se activaba en momentos de peligro, como cuando un animal salvaje estaba al acecho. Su función es que uses al máximo tus capacidades físicas y mentales en una situación de urgencia, pero a un precio: el sistema inmunitario se debilita y se sacrifican muchas funciones vitales del organismo. 

Y es que, esta hormona está diseñada para ayudarnos en una situación específica de emergencia (de la misma manera que deberíamos usar las tarjetas de crédito), pero al haber un estímulo excesivo en su producción puede causar un comportamiento paranoico proveniente de usar demasiado nuestra capacidad mental, como cuando siendo dramáticos alguien nos dice que exageramos e imaginamos cosas: hábilmente empezamos a fabricar y a deducir cientos de escenarios posibles y negativos y asumimos que son reales.

Como ya se mencionó, esto está asociado a un debilitamiento del sistema inmune y por tanto una mayor propensión a enfermedades, poca claridad mental, problemas cardíacos por la segregación de adrenalina, gastritis nerviosa, insomonio etc. Lo cual explicaría por qué muchos de los problemas de alguien dramático pueden atribuirse a su manera de ver la vida.  

Daños a otras personas 

Ya que el cortisol ayudaba a que estuvieramos en condiciones de protegernos en situaciones como el ataque de animales salvajes, si un individuo de la tribu entraba en pánico por el potencial ataque de un león, los demás individuos también lo harían y de esa manera el grupo tendría más posibilidades de sobrevivir. 

Eso explica por qué las actitudes negativas son tan contagiosas: es el efecto natural del cortisol. Es como cuando alguien esparce un chisme en el entorno laboral de que hay una ola de despidos, por ejemplo; la mayoría entrará en pánico excepto los que no se dejen llevar por el rumor. 

Es por esa razón que quejarse tanto es perjudicial, nuestro organismo se comporta y funciona de una manera que podría significar vida o muerte pronta e inminente, y es por eso que es tan desgastante quejarse y escuchar quejas constantemente. Este comportamiento debería de manifestarse sólo en situaciones específicas, como cuando nuestra vida o la de alguien más corre peligro de verdad y no hay mucho tiempo para pensar con detenimiento.  

Cómo combatir el dramatismo y los beneficios de hacerlo 

No hay que sentirse del todo culpables por tener un comportamiento dramático, existen multitud de factores tanto ambientales como genéticos que pueden propiciar este comportamiento. Aun así, nuestra actitud y nuestra forma de reaccionar es determinante para cambiar nuestro entorno, y no solamente evitar dolores de cabeza a los demás: por complicado que suene, nuestro bienestar afecta positivamente al resto.

  • Evitar relacionarnos con personas tóxicas. Y no, no se trata de criticarlos y sentirse superior porque ahora serás Por cortesía de Pixabay.comuna mejor persona. Simplemente, al igual que ellos necesitas cambiar tu entorno y alejarte del ambiente tóxico. Sólo hay que limitar el contacto e involucrarnos menos en situaciones negativas como los chismes.  
  • Hablando de chismes… No hace falta ser un genio para darse cuenta que se ven muy mal y que causan mucho daño a cambio de nada. Si tienes ese hábito, será muy difícil romper con él así que intenta esto: cuando sientas la tentación de hablar mal de alguien mejor intenta hablar bien de esa persona o de alguien más. Esto te ayudará a combatir los pensamientos negativos y serás percibido como una persona madura. De hecho, te ayudará a conseguir amistades sinceras.  
  • Ten una mente abierta y realista: puede que creas que lo sabes, pero hay que tener una conciencia más amplia de que todos tenemos problemas, sueños y ambiciones. El entender esto te ayudara a comprender que nadie tiene la responsabilidad de preocuparse por ti y tus problemas más que tú. 
  • No te rindas cuando tengas un proyecto: como en cualquier proyecto, surgirán obstáculos y dificultades. Es bueno ser realistas sobre nuestras ambiciones, pero tampoco permitas que la primera incomodidad te impida seguir avanzando. Aún si después de agotar tus ideas y recursos asignados tu proyecto fracasa, no subestimes el poder de las lecciones aprendidas.  
  • En general, tener una actitud positiva. Siempre es posible ver las cosas desde una óptica positiva, o al menos no entrar en frustración cuando no encuentras la solución a algo. Cuando no te dejas llevar por la frustración, muy a menudo te darás cuenta de que serás capaz de encontrar soluciones más rápido.

El practicar esto no sólo te ayudará a ser menos dramático, también tu entorno y tus relaciones con los demás mejorarán drásticamente. Serás una persona más madura y con más carácter. Tendrás más habilidad para resolver problemas y estarás en camino de ser una persona más exitosa.  

Por supuesto, el dejar de ser dramáticos es un cambio gradual, pero si te lo propones estarás en camino de dar un paso más en tu desarrollo como persona.

“La paciencia no tiene nada que ver con la necesidad y tiempos de espera, sino con la fortaleza para enfrentar el dolor sin perturbarnos emocionalmente.”  

Silvia Russek  

Algunos videos que te ayudarán respecto a este tema:

1. (Patrocinado) Cómo superar el estrés y la ansiedad, video completo en español este enlace

 

2. El secreto para ser mentalmente fuerte (Amy Morin, en inglés con subtítulos disponibles en español)

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