¿Eres de Mente Abierta 🤔 o de Mente Cerrada? 😳 | Disonancia Cognitiva y Autoengaño

¿Qué tan dispuesto estarías a perder una extremidad por tu propio bien? Este es un dilema al que se enfrentan muchas personas por motivos de salud. Viene a la mente casos de infecciones por diabetes y gangrena.

Para quienes no lo hemos vivido, poco podemos imaginar lo difícil que es estar en un dilema tan complicado. Decirle adiós una parte de nosotros y saber que ya nunca la recuperaremos.

Sabemos que es por nuestro bien, y aunque sea doloroso todo será peor si decidimos conservar nuestro miembro posiblemente infectado.

¿Hace falta enfrentarse a una posibilidad como esa para entender esa experiencia?

Tal vez no. Y lo que es más, lo anterior es una gran analogía sobre nuestro propio desarrollo personal.

“Por tanto, si tu ojo derecho te fuere ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; que mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al quemadero”

Mateo 5:29 (Sagradas Escrituras, 1569)

Estas palabras, atribuidas a Jesús, demuestran los sacrificios psicológicos que puede implicar el crecimiento personal. Si no se trata de perder un miembro de nuestro cuerpo, ¿por qué debería de ser tan difícil?

La respuesta se encuentra en nuestro deseo (necesidad) de mantener un sentido de estabilidad y a veces, comodidad.

Como seres humanos solemos estar convencidos de la idea que conocemos la realidad por lo que percibimos mediante nuestros sentidos.

Y tiene sentido llamar realidad a aquello con lo que podemos interactuar y tomar decisiones basándose en ello. Pero, ¿qué hay de las realidades que construimos en nuestra mente? ¿Es fácil diferenciar aquello que es real de aquello que suponemos? (Mira la siguiente escena que ilustra lo que estamos considerando)

Intensamente: Escena donde Alegría, Tristeza y el amigo imaginario de la protagonista viajan en el tren de los recuerdos de su mente. Se ilustra cómo los seres humanos tendemos a dar por hecho nuestras meras opiniones.

 

Sobre esta pregunta, hay que mencionar que personas con desórdenes mentales tienen una enorme capacidad de construir realidades inexistentes en sus mentes; lo cual, lejos de ser cómico y un motivo de menosprecio es en realidad un proceso extraordinariamente complejo que muy pocos llegan a entender.

Pero volviendo al tema, ¿Es este un hábito exclusivo de alguien con desórdenes mentales?

Gracias a la complejidad de nuestro cerebro, tenemos la capacidad de anticipar o considerar posibilidades antes de que estas sean una realidad. Podemos sacar deducciones y pensar en escenarios potenciales frente a cierta situación; lo cual es muy útil, por no decir imprescindible.

Al mismo tiempo y como ya se mencionó, buscamos darle sentido a lo que no entendemos para así mantener cierto respaldo y estabilidad emocional y mental.

A medida que crecemos y experimentamos nuevas experiencias buscamos protegernos de las amenazas externas, para lo cual desarrollamos un criterio de lo que debería de estar bien o mal (y de lo que consideramos amenaza). La crianza y la religión juegan un papel crucial durante este proceso.

Desde luego también tenemos nuestro propio juicio, con lo cual buscamos encontrar explicaciones a fenómenos que van desde el asesinato, violencia, terrorismo, etc. Hasta asuntos tan triviales como la forma de vestir de otras personas o sus gustos en la comida, como el picante.

Es aquí donde entra en juego un fenómeno que afecta grandemente las relaciones sociales. Nuestra mente construye ‘realidades‘ llegando a conclusiones que expliquen el por qué de ciertos fenómenos. Claramente, esas conclusiones muy a menudo no están basadas en evidencia genuina, sino una probabilidad (entre miles) considerada como verdad. Pero en ese punto, la única verdad es que no sabemos la situación real detrás de esos fenómenos.

¿Sabemos en detalle qué puede llevar a una persona a convertirse en asesino? Si lo supiéramos en algún caso, ¿debería de ser igual para los demás? ¿Qué tipo de convicciones hay detrás del terrorismo religioso? ¿Por qué existen las adicciones? ¿Es la existencia de las sustancias estimulantes como el alcohol la responsable de ellas?

Muy a menudo, damos una respuesta concluyente a preguntas como esas usando un conocimiento mínimo sobre las situaciones que pudieran rodear a esas preguntas, cerrando nuestra mente a otras razones que posteriormente rechazamos por no ser las mismas que tajantemente elegimos desde el comienzo.

El conflicto en nuestra mente

 

Esta forma de construir la realidad demuestra la habilidad de nuestro cerebro de darle sentido a lo que nos rodea y que es muy común llegar a conclusiones apresuradas, algo con lo que cualquiera puede estar familiarizado; una situación de la que ni la más racional de las personas está libre.

Pero, ¿tiene alguna importancia reconocer que tenemos este hábito? Las razones podrían abarcar muchas páginas. Pero para entenderlo, hay que conocer cómo nuestro cerebro forma esas realidades que correctamente deberíamos llamar especulaciones.

El papel de las neuronas

La ciencia moderna nos permite entender que para aprender nuevas cosas, grabar recuerdos y crear hábitos, el cerebro construye conexiones entre las neuronas constantemente. Estas conexiones llegan a formar parte importante de lo que es nuestro criterio, costumbres y parte de nuestra forma de ser.

Sinapsis es el nombre que reciben estas conexiones.

Dependiendo de la relevancia y/o repetición de cierto evento, las sinapsis pueden formar conexiones más o menos fuertes. En conjunto estas sinapsis más que simple información, llegan a ser algo mucho muy trascendental para nosotros: integran parte casi esencial de nuestra identidad.

Nuestra reacción natural a las amenazas

¿Es válido que una persona tenga que recurrir a la violencia si su vida corre peligro? La mayoría concordaríamos en que sí. Después de todo, si algo amenaza nuestra vida; ¿Por qué no luchar por protegernos? Para bien o para mal, es una reacción muy natural tanto en seres humanos como en otros seres vivos.

Lo interesante sobre esto es que llegamos a tener una reacción similar cuando algo amenaza nuestras ideas, en especial aquellas que consideramos trascendentales en nuestra vida. Como ya se ha explicado, muchas de nuestras ideas y pensamientos llegan a ser mucho más que solo eso: llegan a formar parte integral de nuestro ser.

Es por eso que resulta tan conflictivo e incómodo hablar sobre temas como política, religión o incluso algo tan trivial como los deportes. Hacemos de esas cosas algo sumamente importante como parte de nuestra identidad.

Psicológicamente hablando, abandonar o incluso cuestionar ciertas ideas que forman parte de nuestra identidad puede llegar a ser traumático, tanto como enfrentarse a una potencial pérdida de una de nuestras extremidades.

Un verdadero peligro social

Es muy cierto que todos tenemos derecho a elegir qué creer y qué pensar. Es de hecho, fundamental respetar y reconocer esa libertad que tenemos los seres humanos para una sana convivencia.

Pero hay un problema que de verdad afecta a nuestra sociedad el cual podría resolverse de una forma muy simple de entender pero muy difícil llevar a cabo.

Existe un fenómeno detrás del comportamiento hostil y violento que el ser humano tiende a mostrar cuando sus ideas son cuestionadas o desmentidas: disonancia cognitiva, la cual ocurre cuando nuestras ideas más fundamentales ya formadas por las sinapsis se ven amenazadas y en peligro de no tener razón de ser.

La reacción común es engañamos a nosotros mismos buscando ideas que se acomoden a nuestra propia realidad (que se acomoden a las sinapsis ya formadas). Existe una o más ideas que están en conflicto y elegimos, intencionalmente, la que más se acomode a nuestra propia verdad. Dicho de otra forma, tendemos a creer lo que nos conviene, no lo que genuinamente creemos que es lo correcto: un claro autoengaño.

Es ahí donde nace el fanatismo religioso, el nacionalismo desmedido, el orgullo de raza, la intolerancia social. Por irracional que suene, de alguna manera sentimos que nuestra integridad personal se ve amenazada cuando se refutan o se contradicen las ideas en las que tanto creemos.

Lo anterior puede llevarnos a sentirnos con el derecho de defender nuestras ideas casi a cualquier costo, por lo cual no es difícil imaginar a los extremos que puede llegar el ser humano por defender una idea, que muchas veces no tiene sentido.

Esto nos ayuda a entender lo siguiente:

La reacción hostil cuando una idea es amenazada, suele provenir del miedo: miedo a confirmar la falsedad de ideas en las que probablemente hemos creído toda la vida, y por tanto perder ‘una de nuestras extremidades’ permanentemente.

Combatiendo el fanatismo

Teniendo presente todo lo anterior, el primer paso para impedir que se propague ese cáncer social es reconocer que ningún ser humano tiene las respuestas para todo. Esto puede sonar como algo demasiado elemental, pero hay que considerar nuestras propias reacciones cuando nuestras ideas se ven a amenazadas.

El cuestionar algo nunca debería de ser un problema, al menos en la búsqueda de la verdad. Al contrario, cuestionar y buscar respuestas puede reforzar ideas correctas o abrir los ojos sobre ideas incorrectas que podamos tener.

Esta es una habilidad (¿resiliencia?) muy difícil de desarrollar la cual muy pocos se atreven a encarar, en particular si se es especialmente orgulloso. Pero con la práctica nuevas y fascinantes facetas de la realidad se desvelan ante nuestros ojos, y llegamos a ser conscientes de lo inútil que resulta el orgullo.

Por lo tanto, si queremos explicarle a otra persona una idea que va contra de la suya, debemos entender un factor fundamental: Es irracional esperar una reacción racional.

Es en este punto donde frecuentemente fallamos al momento de exponer nuestras opiniones a los demás. No tenemos en cuenta (o no nos importa) las repercusiones emocionales que la exposición de esas ideas pueda tener en la otra persona.

Y esto es el otro extremo. Muy difícilmente alguien muy racional tendrá la sensibilidad de exponer las ideas de manera que no se perciban como un mensaje hostil hacia el oyente. Un comportamiento frecuentemente reflejado en programas y series de televisión donde el protagonista suele ser un genio súper dotado (Dra. Brennan de la serie Huesos, Sheldon Cooper de La Teoría del Big Bang, Dr. House, etc…).

Lo mismo sucede al revés: una persona muy sensible y emocional se verá en dificultades para sostener una conversación racional.

Encontrar el equilibrio en ambos extremos es algo sumamente difícil para la mayoría de nosotros, que tendemos a acomodarnos en los extremos. 

Como persona racional, puede que sientas el deseo de expresar tus ideas para ayudar a otras personas. En este caso, ten presente que el ignorar deliberadamente la parte emocional puede ser una forma de fanatismo: acomodado en tu extremo racional esperas tajantemente que sea igual para las demás personas.

Teniendo una mente abierta

Por otro lado, ¿qué hacer cuando tus ideas se vean amenazadas? Como hemos visto, es comprensible que ante amenazas, nuestra reacción natural sea la hostilidad.

Sin embargo, no hay que olvidar que tenemos una enorme capacidad de racionalizar en las situaciones y encontrar soluciones más inteligentes y menos impulsivas.

Como cualquier habilidad, lo anterior se desarrolla con práctica aprovechando hasta la más cotidiana de las situaciones, como cuando estamos con amigos o familia.

No hay que olvidar que aquí no estamos hablando de ataques personales, bullying o crítica banal. Estamos hablado de situaciones reales donde los fundamentos de nuestras creencias empiezan a tambalear.

Puede ser algo tan simple como un defecto personal. En esta situación, es muy fácil victimizarse y tomar una crítica constructiva como una ataque hacia nosotros. Tememos reconocer que tenemos un mal hábito, aunque nuestro comportamiento de hecho lo refleje.

Este es un ejercicio especialmente difícil para el ser humano, pero resulta en un enorme y muy subestimado desarrollo personal.

Para lograrlo no hace falta aceptar o dar por correctas todas las criticas que escuchemos sobre nosotros o nuestras ideas. Simplemente se trata de estar dispuesto a reconsiderarlas y ser honestos, tal vez no tanto con los demás como con nosotros mismos.

Es cierto que existe la manipulación y que hay muchas situaciones en las que maliciosamente se nos quiere hacer creer que somos algo que no somos. Aun así, no tiene por qué ser demasiado complicado diferenciar ambas situaciones.

Aunque tengamos una percepción incorrecta de nosotros mismos (ya sea demasiado ego o una autoestima muy baja) poner a prueba las ideas es un ejercicio casi infalible en nuestro camino por conocer la realidad y a nosotros mismos.

Simplemente se trata de tener una mentalidad abierta y estar dispuestos a cambiar de ideas cuando lo veamos necesario. No se trata de ir de acá para allá sin rumbo, es todo lo contrario, ir desarrollando una mentalidad cada vez más abierta y aceptar cualquier aporte que nos ayude a desarrollarla.

Date el tiempo de asimilar el malestar al admitir (al menos para ti mismo), que te has equivocado y que debes corregir tu forma de pensar.

De esta forma llegarás a ser no solo una persona más tolerante y comprensiva, con mejores habilidades sociales. También serás una persona más inteligente, con mayor criterio y capacidad de ver soluciones donde la mayoría ve problemas. Si ves que es necesario cambiar una idea en la que has creído por muchos años, puede que sea como perder un miembro del cuerpo, pero a cambio tendrás muchas más extremidades.

Recursos:

La inspiración para escribir este artículo provino de este video:

 

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Las imágenes en este artículo provienen de: Pixabay.com. Usuarios:
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